Esquiar es la emoción clásica de la montaña: abróchate, apunta cuesta abajo y deja que la gravedad y un poco de técnica te lleven por la pista. El primer día todo son giros en cuña y pistas verdes suaves, y a partir de ahí la progresión es rápida y realmente adictiva, hasta llegar a la nieve polvo, los baches y toda la montaña.
Las clases son el atajo. Un buen instructor consigue que los principiantes giren y se detengan con seguridad en uno o dos días, y evita que los esquiadores experimentados mantengan los malos hábitos que los frenan. Hay terreno para todos los niveles, desde pistas para principiantes hasta fuera de pista.
Los instructores de adventuro imparten clases y cursos de esquí, además de organizar jornadas guiadas para todos los niveles. Unas capas abrigadas, un casco y unos cuantos chocolates calientes ayudan muchísimo.