La escalada en rocódromo es donde empieza la mayoría de los escaladores, y muchos no sienten nunca la necesidad de salir de allí. Las rutas señalizadas por colores en paredes altas y zonas de búlder te ofrecen infinitos retos que resolver, en un espacio cálido y protegido de la intemperie, con gruesas colchonetas y cuerdas para detenerte. Parte entrenamiento, parte rompecabezas y parte afición muy social.
Es realmente apta para principiantes. El búlder requiere muy poco equipo y no necesita compañero, y la mayoría de los rocódromos organizan sesiones de iniciación que te enseñan a escalar y a asegurar con seguridad. La fuerza acaba ayudando, pero al principio la técnica y un poco de valentía te llevan muy lejos.
Las paredes de adventuro organizan sesiones de iniciación, cursos y clases para todos los niveles. Nadie te observa, todo el mundo ha acabado forcejeando en las rutas fáciles y siempre hay una más difícil que probar.